Si hay un marco que define a Andalucía, en este caso Jerez, son las Bodegas Gonzalez Byass. Lugar, cargado de historia entre paredes con techos infinitos, largos pasillos que te llevan a estancias que son museos con solera.

Allí estuve el pasado día 10, donde se celebraba la conocida Pasarela Flamenca de Jerez, a la que me vienen invitando años atrás y este mi visita la tenía clara por muchos motivos. 

El año pasado realicé un post dedicado a Inma Benicio, diseñadora que me transmitió muchas cosas sin conocerla, sensibilidad, pasión, sueños, dedicación y superación. Cada paso que daba, cada publicación que hacía Inma, eran estrofas cargadas de emociones. Y eso me me hizo ver que el arte de sus manos iba mas allá. 

La puerta pesada a la entrada, en verde.. rujía y por primera vez pisé ese albero que alfombraba la bodega donde todo estaba preparado. La Pasarela lucía preciosa con un escenario con botellas colgantes a modo de farolillos, respaldada por cientos de barriles que te daban la bienvenida, con una de sus mejores cosechas, el Fino! 

Mi sitio era al lado de los compañeros de prensa, rodeada de objetivos gigantescos, trípodes que estaban preparados para el momento, los flashes abrían paso a los faralaes y propuestas para la mujer Flamenca 2.018. Éramos la parada de toda creación, donde cada modelo posaba para interpretar el vestido que lucía. Fotografías de Christian Cantizano, fantásticas como las del año pasado. 

Llegaba el momento de Ella.. Inma Benicio.  Una mesa y sillas de nea, formaban parte de esa puesta en escena, el espectáculo daba su comienzo.  Al son en vivo, de tiritritan tiritritan tan .. la bailaora Marián Jiménez, desvelaba con su sentir, de negro y verde una ráfaga de la colección. Los aplausos rompieron para dar paso a .. El Lunar que lleva tu nombre.

Los tonos suaves, como el rosa empolvado conjugado con negro, dieron salida con diferentes cortes en talles, alturas de volantes y combinaciones de tejidos. Ahí Benicio pone su sello, una mujer delicada, elegante, que quiere brillar entre organza, gasa, tul y seda. Ligereza en cada diseño, sin perder la esencia. 

Detrás llegarían el verde agua, el marfil todos ribeteados o haciendo mezcla con el negro. La variedad de faldas creaba diferencias entre modelos, donde las piedras y lentejuelas jugaban dando vida a escotes y cintura, allá donde Inma quería dar protagonismo a su estilo. Sin olvidar los complementos de Dora González, fiel en cada proyecto de la diseñadora. 

Ese que ella marca con su inspiración y esa incorporación de patronaje japonés, del gran Shingo Sato creando volúmenes con pliegues, al más puro estilo creativo origami, el 3D de la costura. Detalles que se veían en los cuerpos de algunas de sus creaciones. 

Hasta el cierre lo marcó con arte andaluz, con palmas inluídas y zapateao.. el embrujo estaba latente. Pero el broche de oro, fué conocerla. Me invitaron a entrar al backstage, allí entre modelos pendientes de salir, algunas sentadas, burros cargados con los diseños, bambalinas, etc.. ni a soñar  un abrazo cargado de emoción. Ella y yo sabíamos lo que se produjo hace justo un año.

Que un 28 sea símbolo de muchas cosas, 

de arraigo, cultura y lucha, 

de sombrero de ala ancha, 

de volantes y peinas, 

de jaleo y alegrías, 

de un finito de Jerez, 

de un “Son de Lunares” 

por rumba jerezana,

que abanderó por ese día, 

ser del sur, ser de Andalucía.

El Lunar que lleva tu nombre ! Inma Benicio